viernes, 20 de septiembre de 2013

Bruce, el héroe trágico

Hero, by MiSt-Stavi

Hace unos días me sorprendí al ver en los diarios que Carlos Bruce había presentado un proyecto en el que se contemplaba la unión civil no matrimonial. Me alegré mucho, hasta imaginé el nombre de “Perú” figurando en las listas de países que protegen igualitariamente a todos sus ciudadanos, sin importar su opción sexual. Sería una razón más para sentirse orgulloso de ser peruano.

Pero mi alegría se fue disipando en los días siguientes. Las primeras planas de los diarios, las noticias de la noche, los comentarios en la calle e incluso en el lugar donde vivo me forzaron a pisar tierra. Bruce a dado un gran paso, uno muy arriesgado, adentrándose en una ciénaga que tiene ciertos elementos que se me antojan infranqueables, al menos en este momento, y por unos cuantos años más.

Nuestro Estado sólo es laico en la letra, no en la acción: Se supone que desde 1991 la Iglesia dejó de tener influencia sobre las decisiones del Estado, y al mismo tiempo, el Estado dejó de escuchar solamente a la Iglesia para lo relativo a “decisiones morales”. Pero en la práctica, la iglesia sigue influyendo en las decisiones estatales, y también en la sociedad. La semana pasada el arzobispo tuvo el lujo de tener varias primeras planas solamente por atacar a Carlos Bruce, el promotor de este cambio. Y es probable que en las semanas que vienen el hombre de dudoso pasado repita el plato.

Llega a ser divertido ver cómo ellos son buenos llenándose la boca de “mensajes morales” y se precian de ser los “guardianes de las buenas costumbres”. Sin embargo son los primeros en ocultar casos de violaciones a menores que ocurren detrás de los muros de sus iglesias. En otras palabras, prefieren a los violadores antes que a nosotros, los homosexuales, sin importar lo que podamos ofrecer a la sociedad.

La sociedad aún tiene estereotipos negativos sobre nosotros: Los medios de comunicación siguen mostrando al varón homosexual como alguien afeminado, que desempeña oficios de peluquero o modista, y que siempre está atento al chisme. Y muestran a la mujer homosexual con una actitud exageradamente masculina, intentando desempeñarse en roles tradicionalmente asignados a los varones, y negando su feminidad a todo momento. No conforman una muestra representativa de lo que somos, tanto los gays como las lesbianas. ¿Cuántos de ustedes entran en ese estereotipo?

Muchas personas creen que lo que muestra la televisión es la realidad, y a estos estereotipos actitudinales deberíamos agregar los relacionados a la salud sexual. Muchas personas siguen creyendo que sólo los homosexuales tienen VIH-SIDA, cuando en realidad el 70% de los casos se da en heterosexuales.

Para coronar esto, cada vez que alguno de los nuestros es víctima de un ataque homofóbico (que sigue sin clasificarse dentro de los crímenes de odio) los titulares no informan sobre la persona misma, sino sobre su condición sexual: “Estilista homosexual asesinado por su amante”. Cuando asesinan a un heterosexual, ¿se aseguran de resaltar su opción sexual? No, simplemente ponen algo como “Fue hallado muerto ingeniero en la Costa Verde”. Muchos casos de agresiones homofóbicas denunciadas frente a una autoridad simplemente pasan al olvido, gracias a la idea generalizada de que nuestras vidas valen menos que la de un heterosexual.

La generación de poder actual aún piensa en pasado: Quienes ostentan el poder hoy (ya sea en el ámbito público o privado) todavía tienen en la mente la idea de que la homosexualidad es un pecado o un delito, o ambas. Para lidiar con nosotros pueden elegir alguna de las siguientes opciones: Negar que existimos, o que somos una minoría que no importa; decir que estamos enfermos y que podemos ser curados para ser heterosexuales, o que podemos desaparecer para “el bien de la sociedad”; o negar que somos ciudadanos e intentar tratarnos como ciudadanos de segunda categoría.

Mientras esta generación aún esté ocupando cargos importantes, frustrarán cualquier medida destinada a alcanzar la igualdad. Tener una forma de pensar tan negativa sobre nosotros no es culpa de ellos, pero lo que sí resulta responsabilidad de ellos es la decisión de flexibilizar sus mentes.

Nuestra educación aún no se ha modificado: En otros países, donde la figura del matrimonio igualitario ya se ha establecido, se toca el tema de la diversidad desde la más tierna edad. Así tenemos cuentos en los que las figuras paternas del protagonista son dos hombres o dos mujeres, o una mayor atención a los temas de derechos sexuales en las lecciones de Educación Sexual.

Hace algunos meses, un grupo de nuestros congresistas, dando muestras de una forma de pensar más bien medieval, pretendieron eliminar por completo la educación sexual del currículo nacional. ¿Su razón? Que enseñar a los adolescentes y jóvenes sobre sexualidad los induce a la promiscuidad. Terrible error. Cuando la adolescencia llega es natural que el adolescente intente explorar esa faceta de su vida por su cuenta, corriendo riesgos innecesarios. Si se lo deja a su suerte, es más probable que se infecte con alguna ITS, o que resulte embarazada (o embarazando) a una edad demasiado tierna.

Hace años se aprobó una guía para educar a los adolescentes y jóvenes en materia de diversidad. Un material muy bien elaborado, pero muy poco difundido. Tanto que constituye una rareza entre los círculos de tutores y profesores. Quizás no sea culpa de todos ellos, pero sí de algunos que creen que la educación debe ser la misma de hace cincuenta años, o más, y que consideran que hablar de sexo aún es un tabú.

Admiro a Carlos Bruce, de la misma forma en la que admiro a los héroes trágicos. Están un paso por delante de los demás, enfrentándose a algún monstruo mitológico (el sistema social, en este caso), con pocas posibilidades de decapitar a la bestia, y muchas de terminar mal parado.

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